Entre la variedad y la precisión: producción de sólidos alternantes
Una visión de la producción de sólidos en KLOCKE Pharma-Service GmbH en Appenweier
Un lugar diseñado para el cambio
Entre campos y edificios industriales maduros, el emplazamiento de KLOCKE Pharma-Service GmbH en Appenweier parece inicialmente discreto. Nada indica cuánto movimiento se está produciendo tras estos muros. Sólo cuando entras te das cuenta de para qué está diseñado todo aquí: para el cambio.
Las plantas no permanecen quietas mucho tiempo. Se reequipan, se limpian y se reequipan. En cuanto termina un proceso, empieza el siguiente. Los parámetros cambian, las recetas se adaptan, los procesos cambian. Las transiciones no son aquí una excepción, sino parte de las operaciones diarias. Lo que aquí se crea no sigue un patrón fijo, sino una estructura diseñada para adaptarse a esta dinámica.
Los caminos de la producción no muestran líneas rígidas, sino secuencias que se reorganizan constantemente. Las áreas se entrelazan, mientras que los requisitos cambian de un orden a otro. Los sistemas existentes se encuentran con nuevos procesos, las estructuras evolucionadas se encuentran con los requisitos técnicos actuales. Muchas cosas han evolucionado a lo largo de los años y se siguen desarrollando constantemente.
KLOCKE Pharma-Service fabrica una gran variedad de productos diferentes para distintos clientes. Una gran variedad de pasos de producción, como el secado, la granulación y el recubrimiento, se modifican de un lote a otro a intervalos cortos, en función de la receta.


Cada cambio significa un nuevo comienzo, cada ajuste tiene un impacto directo en los pasos siguientes. La planificación no termina con la instalación de una línea, sino que continúa durante las operaciones en curso. Lo que aquí tiene lugar no es la producción en el sentido clásico, sino la capacidad de trabajar constantemente en condiciones cambiantes. Un entorno en el que la diversidad no se reduce, sino que debe dominarse. Lo que en muchos entornos de producción es una excepción, en Appenweier forma parte de la vida cotidiana. Los cambios de producto caracterizan aquí toda la organización de la producción.
Con 60 a 70 productos diferentes, las recetas y los parámetros cambian a intervalos cortos. Los sistemas se vacían, se limpian y se vuelven a configurar. Cada cambio supone un reinicio definido en condiciones diferentes.
No hay margen de maniobra. La contaminación cruzada debe descartarse de forma fiable, independientemente del producto que se haya procesado previamente y del que vaya a seguir a continuación. La granulación, en particular, muestra la sensibilidad con que los procesos reaccionan a los cambios, mientras que la calidad debe permanecer constante.
El resultado es un sistema de producción que no está diseñado para largos tiempos de ejecución, sino para poder establecer procesos una y otra vez, y permanecer estable en el proceso.
Tecnología y equipamiento de un vistazo
Procesos
Las distintas fases de producción, como la mezcla, la granulación y el secado, están interrelacionadas y deben reaccionar con flexibilidad a los cambios en los requisitos.
Cambio de producto
Desempolvado
Acciones
Los nuevos sistemas y procesos deben integrarse en las estructuras establecidas y adaptarse a los límites espaciales existentes.
Estructuras establecidas como marco
La producción en Appenweier ha crecido a lo largo de los años. Se han añadido sistemas, ampliado zonas, adaptado estructuras… siempre durante las operaciones en curso. Lo que se ha creado no sigue una planificación idealizada, sino la lógica de un lugar que se ha desarrollado paso a paso. Este desarrollo puede percibirse en el edificio. Los caminos están predeterminados, las habitaciones tienen límites fijos, las alturas no pueden modificarse. Los nuevos requisitos se ajustan a las condiciones existentes. La tecnología no se crea en un terreno virgen, sino en edificios existentes. Esto repercute directamente en la integración de los nuevos sistemas. Las posiciones no se pueden elegir libremente, hay que adaptar las interfaces, las instalaciones se convierten en proyectos independientes.
Las máquinas más grandes, en particular, requieren una planificación precisa y apoyo externo para integrarse en la estructura existente. Al mismo tiempo, los sistemas existentes siguen funcionando. El sistema central de desempolvado trabaja bajo una carga cada vez mayor, mientras los procesos cambian y los requisitos aumentan. Las ampliaciones son posibles, pero no arbitrarias. Cada adaptación tiene lugar dentro de un marco ya definido. Por tanto, las nuevas soluciones no se crean independientemente del sistema existente, sino dentro de un sistema existente. Las adaptaciones deben encajar en las estructuras existentes y, al mismo tiempo, dar cabida a requisitos cada vez mayores. Es precisamente esta interacción la que muestra lo resistente y flexible que es realmente un sistema de producción.
La filtración como clave para una producción estable
Con la creciente diversidad de productos y el aumento de las cargas de los sistemas, hay un sistema que está adquiriendo cada vez más protagonismo: el desempolvado. Lo que ha funcionado con fiabilidad durante mucho tiempo se está reevaluando en condiciones cambiantes. Las mayores cantidades de polvo, los frecuentes cambios de producto y las diferentes propiedades de los materiales hacen que la filtración ya no se limite a acompañar, sino que participe activamente en su configuración. Los requisitos no surgen de forma aislada, sino directamente en el proceso. Esta evolución es especialmente evidente en la granulación. Se producen continuamente polvos finos, a veces con propiedades pegajosas o difíciles de manipular. Deben capturarse de forma fiable, separarse del flujo de aire y eliminarse del sistema. Al mismo tiempo, estas propiedades cambian de un producto a otro. Lo que es estable en un proceso debe adaptarse en el siguiente.
Esto desplaza el centro de atención de la mera separación a toda la cadena del proceso de filtración. Deben armonizarse la conducción del aire, los puntos de captación, los medios filtrantes y los mecanismos de limpieza. Las pequeñas desviaciones pueden repercutir directamente en el funcionamiento, ya sea por pérdidas de presión, limpieza inadecuada o aumento de los costes de mantenimiento. A esto se añade la naturaleza dinámica de los cambios de producto. Los filtros no sólo sufren durante el funcionamiento, sino también en los ciclos de limpieza entre lotes. Especialmente con los productos que contienen azúcar, la limpieza se convierte en un paso independiente del proceso que requiere tiempo, cuidado y un diseño adecuado del sistema. Los filtros se cambian, se limpian o se ajustan, según el producto de que se trate. Al mismo tiempo, estos requisitos repercuten directamente en la organización de la producción. Los tiempos de inactividad se prolongan si los procesos de limpieza no están optimizados para la tecnología del filtro. Los operarios tienen que intervenir, los procesos se interrumpen y las interfaces entre el sistema y la filtración se hacen más prominentes. Lo que se pretende que sea un sistema de apoyo se convierte así en una parte activa de las operaciones diarias.
La integración en la infraestructura existente también desempeña un papel clave. El sistema central de aspiración de polvo trabaja con una carga cada vez mayor, mientras que al mismo tiempo varían los requisitos de los procesos individuales. Los volúmenes de aire y polvo y los tiempos de funcionamiento no son constantes, sino que siguen la dinámica de la producción. La filtración se convierte así en un elemento de conexión entre la planta, el proceso y el edificio. No sólo influye en la calidad del aire, sino también en la disponibilidad de los sistemas, la duración de los cambios de producto y la estabilidad de los procesos. En un entorno como el de Appenweier, no sólo determina la función de los procesos individuales, sino también la eficacia de todo el proceso de producción.
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Un sistema que se adapta
En este contexto, queda claro que la filtración no puede diseñarse como un sistema estático. Los distintos productos, las propiedades cambiantes del polvo y los cambios frecuentes requieren soluciones que puedan adaptarse sin perder estabilidad. En Appenweier, la atención se centró, por tanto, no sólo en el rendimiento del sistema de desempolvado, sino sobre todo en su integración en los procesos existentes. El factor decisivo aquí es que la filtración no funciona de forma aislada, sino en coordinación directa con los respectivos sistemas y su modo de funcionamiento.
Los puntos de captura se colocan de modo que el polvo se capture directamente donde se genera. Los flujos de aire se canalizan de forma selectiva para garantizar una separación fiable sin afectar al propio proceso. Al mismo tiempo, los sistemas deben diseñarse de forma que puedan manejar distintas propiedades de los materiales sin tener que reajustarlos cada vez que se cambie de producto. Se presta especial atención a la facilidad de limpieza. Las unidades de filtrado y los sistemas conectados se diseñan de modo que puedan vaciarse completamente y limpiarse con facilidad. Esto no sólo reduce el tiempo necesario entre lotes, sino que también crea las condiciones para unas condiciones reproducibles en distintos productos.
La manipulación también desempeña un papel fundamental en la vida cotidiana. Los sistemas deben diseñarse de forma que los operarios puedan utilizarlos con seguridad y eficacia, incluso bajo presión de tiempo y con cambios frecuentes. El mantenimiento, los cambios de filtro y la limpieza se convierten así en partes integrantes del funcionamiento y deben diseñarse para que sean sencillos y comprensibles. La importancia de esta adaptabilidad también es evidente durante el funcionamiento. Los sistemas deben funcionar de forma estable, aunque cambie la carga.
Deben permitir intervenciones sin interrumpir el proceso y, al mismo tiempo, ser lo bastante robustos para soportar con fiabilidad los cambios diarios entre distintas aplicaciones. El resultado no es un único sistema de filtrado, sino una interacción de componentes que se adapta a la estructura existente y, al mismo tiempo, amplía sus prestaciones. Una solución que no está diseñada para un proceso fijo, sino para la realidad de una producción que cambia constantemente.
Resultados coherentes en un entorno variable
La planta de producción de Appenweier muestra cómo los procesos farmacéuticos pueden funcionar de forma estable en condiciones cambiantes. La diversidad, los cambios frecuentes y las estructuras establecidas no se reducen aquí, sino que se integran conscientemente en la organización de la producción. El factor decisivo no es un único sistema, sino la interacción de sistemas, procesos y diseño técnico.
En este entorno, la filtración en particular se convierte en un componente central de la estabilidad del proceso. No funciona de forma aislada, sino en conexión directa con los cambios del producto, la capacidad de limpieza y la disponibilidad del sistema. Esto crea un entorno de producción que no está diseñado para un estado fijo, sino para la capacidad de adaptarse continuamente y permanecer constante.
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